lunes, 13 de mayo de 2013
La frontera del miedo (Pedro Lazaga, 1958)
viernes, 24 de febrero de 2012
Es solo un sueño. Onirismos (VI)
Esta escena tiene lugar después de la cena, tras conocer la sentencia. El pobre Albertone se monta en la moto de su ángel de la muerte (una impresionante Janet Agren), para acabar en el patíbulo.
martes, 17 de enero de 2012
Annie Belle: Retrato de una nínfula (III)


La película, que también es conocida como “Pandemonio”, es una comedia en la que unos jovenes que poseen una televisión privada viven mil enredos, incluído un secuestro. Annie Belle es la principal protagonista femenina. La carrera de la actriz parece que toma un nuevo rumbo.

En 1980 rueda “Una noche en coche cama”, cacofónico título español del más sencillo “La compagna di viaggio”. El director es Ferdinando Baldi, fallecido hace unos pocos años. Se trata de una película al servicio del erotismo de Anna Maria Rizzoli, starlette habitual de la comedieta sexy de finales de los setenta y principios de los ochenta, que era conocida como “el seno más bonito de Italia”.
Un barón (Gastone Moschin) ha organizado un robo en un tren. Mientras va preparando el golpe junto a su ayudante (la Rizzoli), se nos van mostrando las peripecias del mozo (Raf Luca) entre las diferentes estancias del coche-cama, tal como años más tarde haría Tim Roth en “Four rooms” (1995). Nuestra Annie es la secretaria de un político (Giorgio Bracardi) tan impetuoso como patético.
El reparto femenino de esta cinta es de los que producen vértigo: además de la Rizzoli y nuestra Annie, también está la deliciosa (y llorada) Marisa Mell, ya con cuarenta años encima pero tan bella como siempre; la rotunda Serena Grandi, que interpreta a una joven recién casada y un poco reticente a acostarse con su flamante marido; y las futuras divas del porno italiano, Marina Frajese y Moana Pozzi.
Por el contrario, los protagonistas masculinos flojean bastante. Está el veterano Gastone Moschin, que había participado en “El Padrino” de Coppola y que ya coincidió con Annie en “Mogliamante”. Encontramos los acentuados rasgos de un Raf Luca demasiado gesticulante, y al pelón de Pino Ferrara. En fin, un reparto varonil poco atractivo de cara a la galería, al contrario de sus compañeras féminas. Unas actrices a las que no les cuesta demasiado enseñar sus pechos, sobre todo la Rizzoli, que por algo es cabeza de cartel. Extrañamente, Annie Belle está más recatada que nunca y apenas deja entrever su cuerpo desnudo en un escorzo y apretada al fornido cuerpo de Massimo Pitarello, un cachas de gimnasio que probaría fortuna en el subgénero de bárbaros y brujería que produjo el cine italiano tras el éxito de “Conan el bárbaro”.
En cualquier caso, “Una noche en el coche cama” es una mala comedia más preocupada en mostrar los cuerpos de sus actrices que en crear una trama más o menos coherente.
Ese mismo año se produce el primer reencuentro con Al Cliver en la invisible “Molto di più”, única película del misterioso Mario Lenzi, pintor amigo de Cliver, que ya había actuado con Annie en un par de ocasiones.Una cinta que prácticamente nadie ha visto, y quien lo ha hecho deja constancia de lo mala que es. Al parecer intenta ser un retrato de la intelectualidad en la Roma de los años setenta, rodada de una manera semidocumental. Así, vemos como los actores cocinan, se duchan y ejecutan otras nimiedades, casi sin diálogos. Apasionante. Si alguien tiene información sobre esta película, bienvenida será.

Y después de esta rareza, se estrena la que es una de sus películas más famosas, la tremenda “Trampa para un violador”, dirigida por el carnicero de Ruggero Deodato (“Holocausto caníbal”).
Película evidentemente influenciada por “La última casa a la izquierda”, opera prima de Wes Craven. De hecho, cuenta con su mismo actor principal, el recientemente fallecido David Hess. Según declaraciones de la propia actriz, Hess se comportaba como un divo durante el rodaje. Con quien sí que congenió fue con Giovanni Lombardo Radice, polifacético actor de gran cultura.
El argumento gira en torno a las tropelías que este y su acompañante (un Giovanni Lombardo Radice absolutamente enloquecido) cometen en un lujoso chalet en el que se cuelan. Los habitantes del chalet son ultrajados con mil y una perrerías. Unos inquilinos, por cierto, de muy buen ver: al pipiolo de Christian Borromeo –ese mismo año rodaba “Ténebre” a las órdenes de Dario Argento- le acompañan féminas de la categoría de Lorraine de Selle, la inédita Marie-Claude Joseph, y por supuesto, nuestra Annie Belle.
En una de sus escenas más celebres, Annie y David Hess mantienen relaciones sexuales en la ducha. La actriz parece una frágil muñequita en manos de tamaño gigante. En España, la película lució una flamante “S”, mientras que en el Reino Unido entró de lleno en la lista de las controvertidas “video nasties”.
Rodada en 1978, pero estrenada dos años más tarde, “Trampa para un violador” es una de esas películas de las que te sientes culpable de que te guste. Al menos en mi caso. Y te sientes culpable porque lo que estás viendo es una colección de humillaciones que va en aumento y desemboca en una previsible explosión de violencia seguida de una venganza liberadora a la manera de Charles Bronson, tan esperada como agradecida. En fin, una película que despierta los instintos más bajos del espectador, que ante tanta perversidad únicamente desea la muerte de Hess y su compinche. Una muerte lo más dolorosa posible. Planteamiento sencillo pero eficaz. Mea culpa.
Su siguiente película también será de terror. En "Absurd" es dirigida por Joe D'Amato, que pretende hacer una especie de continuación espiritual de su éxito "Gomia, terror en el mar Egeo". Lo único que tienen en común ambas películas son la cantidad de sangre y violencia que poseen ambas y el personaje protagonizado por George Eastman. Annie es una enfermera que cuida de unos hermanos (Katya y Kasimir Berger, hijos de William Berger) en una lujosa mansión mientras sus padres están en una fiesta. De repente se ven acechados por un loco homicida (Eastman, claro) que no duda en asesinar a nuestra Annie -que luce de nuevo pelo rubio- de una manera horrible: le coloca la cabeza en un horno y lo enciende. Una muerte lenta y dolorosa. Sanguinaria, como toda la película, toda una muestra de brutalidades con muy poco sentido común. Aunque Annie recuerda como divertida la experiencia de trabajar con Joe D’Amato, uno de los realizadores con los que más a gusto se sintió durante su carrera. También recuerda las largas horas de maquillaje que tuvo que soportar para rodar la escena de su muerte.

Después de enfrentarse a la bestia parda de George Eastman, le tocó encararse con otro monstruo más terrible si cabe, el terrorífico cantante siciliano Carmelo Zappulla. Fue en "Pronto... Lucia", dirigida por Ciro Ippolito. Con Ippolito ya había trabajado en el set de “Las noches pecaminosas de una menor”. El encuentro entre el ahora realizador (su primer filme en este sentido fue la terrorífica “Alien 2”, en la que sustituyó al inicialmente previsto Biaggio Proietti) y la actriz fue puramente casual. Ella iba andando por las calles de Roma cuando oyó el claxon de un coche. Resultó ser Ippolito, que por entonces estaba rodando su segunda película. Annie Belle acabó protagonizándola. En ella, Zappulla es Tonino, joven napolitano que se quiere casar con su novia de toda la vida, Lucia, interpretada por la actriz. Hay una crisis económica por todo el país, que queda reflejada en varias imágenes de huelgas de trabajadores, razón por la cual Tonino se ve obligado a emigrar a Austria para trabajar de minero. Allí conoce a Helga (Clelia Rondinella), que, como todos los austríacos, habla un italiano perfecto, y tienen un lío amoroso. Un posterior accidente en la mina provoca que Tonino pierda la memoria y entonces Helga dice ser su mujer. Todo un melodrama, más cercano a las fotonovelas que a Douglas Sirk, con Zappulla lanzando gorgoritos a la mínima que puede y una Annie Belle más recatada que nunca, con una cinta rosa en la cabeza, pero muy guapa.

La película es bastante insoportable, pero es supone un incremento de moral para Annie, que estaba deseosa de cambiar su registro dramático. Además, su éxito en taquilla provoca que la actriz sea contratada para más películas napolitanas de ese corte.
En este mismo año de 1982, el veterano realizador Christian-Jaque dirige la miniserie de siete capítulos “La nouvelle malle des Indes”. Una historia de aventuras ambientada en el siglo XIX y para la que cuenta con Annie Belle para una breve aparición. Es en el capítulo tercero, y la actriz luce unos bonitos tirabuzones.
martes, 10 de enero de 2012
Morgane et ses nymphes (Bruno Gantillon, 1971)
Con Dominique Delpierre, Alfred Baillou, Mireille Saunin, Régine Motte, Ursule Pauly, Michèle Perello, Nathalie Chaine, Velly Beguard, Solange Pradel y Patricia Lecarpentier.Primera película de Bruno Gantillon, un hombre de carrera eminentemente televisiva, que ya había participado en el exitoso programa de variedades “Dim dam dom”, todo un fenómeno en Francia. Recuerda levemente al cine de Jean Rollin, aunque aquí las vampiras son sustituidas por brujas. Además, la estructura del filme es más clásica, más convencional que las utilizadas por Rollin. Es este un tipo de cine que durante principios de los años setenta tuvo cierta continuidad en el país vecino, con títulos como “La goulve” (Mario Mercier, 1972) o “La papesse” (Mario Mercier, 1975).
Lo que le importa realmente al realizador no es lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Gantillon se muestra aquí muy preocupado por la estética: utiliza un contrastado cromatismo y hace uso con frecuencia de los fondos negros. Además, aprovecha perfectamente los bellos escenarios, entre los que destaca el majestuoso castillo de Val, en Artense. Cierto es que, en alguna ocasión, peca de querer epatar al espectador situando la cámara en lugares inesperados, o con su contínuo uso de espejos, tan lejano a Sirk, pero no se le puede negar una gran vistosidad y belleza a su opera prima.
Decimos que lo que le interesa a Gantillon son los elementos puramente visuales de la película (nunca volvería a hacer nada tan interesante), pues la historia en sí misma se podría resumir en muy pocas líneas. Como dice Morgane, la acción ocurre en el reino de las hadas, un lugar que solo los niños pueden encontrar. Pero las intenciones del director son más terrenales: desnudar a sus protagonistas. En una lejana entrevista lo dejaba claro: “Quería hacer una película de las que no se ven frecuentemente. Solo mujeres y un enano”. Y de eso se trata, de mujeres bellas protagonizando numerosos lésbicos, aunque, eso sí, con bastante buen gusto y sin caer en la vulgaridad.
La escena de la fiesta en los subterráneos del castillo es todo un producto de su época. Parece un fiesta jipi con poesía, baile y sexo. O más bien como la burguesía pensaba que eran este tipo de fiestas. El elemento voyeur es protagonista de esta secuencia, bastante larga.
Rodada en seis semanas, cuenta con una excelente banda sonora de François de Roubaux, que firma como Cisco el Rubio, basada en guitarra española.
Personalmente, creo que para el papel de Morgane se necesitaba a una actriz con mayor fuerza que Dominique Delpierre.

¿Sabías que…?
El músico François de Roubaux murió mientras practicaba submarinismo en las islas Canarias.
Ursule Pauly y Solange Pradel ya había coincidido en “Le viol du vampire” (Jean Rollin, 1968).
viernes, 30 de diciembre de 2011
El último kamikaze (Jacinto Molina, 1984)
Una de las películas menos vistas de Naschy-director. Se trata de una complicada (pero no tanto) intriga internacional en la que se ven envueltos dos asesinos a sueldo que trabajan para bandos contrarios y que, como es previsible, se enfrentarán en un duelo final. El enredo tiene lugar en diferentes lugares del planeta, desde El Cairo hasta Nueva York, pasando por Madrid.
José Bódalo y Mirta Miller
No es una historia nueva, pues un cine parecido habían hecho anteriormente realizadores como Antonio Isasi o José Antonio de la Loma. Pero sí que es cierto que a mediados de los años ochenta la realización de una película así era algo casi suicida. En efecto, Naschy era un kamikaze.
Paul Naschy, versión 1
El de rojiblanco es Sergio Molina, hijo del actor
Lastimosamente, la película no pasa de ser un muestrario de insensateces mayúsculas, y además, muy mal contadas. Prácticamente todo el metraje se distribuye de este modo: Naschy, el kamikaze, asesina a un capo de la competencia, mientras que Manuel Tejada, el otro liquidador, hace lo propio. Después los jefazos de la banda se reúnen y hablan de lo necesario que es eliminar al kamikaze. Luego, nuevos asesinatos y nueva reunión. Y así, varias veces. Demasiadas.
Julia Saly, siempre recordada
A lo largo de su dilatada carrera Naschy podía tener buenas ideas, pero reunirlas todas en un guión es bastante complicado y esta cinta es un buen ejemplo de ello. Las situaciones son irreales y los diálogos… los diálogos merecen un capítulo aparte.
Paul Naschy, versión 2
El hecho de que las actuaciones sean, en general, tan flojas se debe a la artificialidad de los diálogos. Que Irán Eory, después de hacer el amor con Manuel Tejada, le diga: “Cuando nacen seres como nosotros, algo muy extraño y perverso tiene que ocurrir en el vientre de la madre”, sin sonrojarse de vergüenza, es todo un logro. Si incluso a José Bódalo, el actor más destacable del reparto, se le nota cierto nerviosismo a la hora de soltar esas parrafadas surrealistas que el Naschy-guionista le obliga a decir.
Irán Eory y Manuel Tejada
Por otra parte, los personajes no tienen ningún relieve. Únicamente se intenta hacer un estudio de la personalidad del Naschy-actor, pero casi resulta peor el remedio que la enfermedad. El adentrarse en terrenos psicoanalíticos para hacernos comprender que él es un asesino por culpa de las ideas nazis que su padre le inculcó de pequeño es más risible que otra cosa. Y si a eso añadimos su omnipresente narcisismo, que se puede advertir en los primeros minutos en la descripción que de él hace uno de los mafiosos. Además de asesino infalible y mago del disfraz (impagable verlo travestido de ancianita) es pintor (para ello se pone la gorra de pintar) y tiene un éxito incontestable con las féminas, pues mantiene relaciones con Julia Saly y con la jovencita Leticia Marfil, además de con una muy bien formada prostituta.
Manuel Tejada y el inimitable Pierrot, fallecido este año
Manuel Tejada le dice al kamikaze que tiene cierto sentido del humor. No es cierto. Naschy se toma demasiado en serio, no hay ninguna ironía en esta película. Y eso que hay elementos suficientes para ello, pues casi se podría construir una comedia con el argumento.
Mirta Miller y Margarita Ferrer
La puesta en escena también es bastante vulgar. ¿Cómo es posible rodar durante tres semanas en Egipto para que después aparezcan únicamente un par de postales? Muchos interiores sí que hay y los pocos exteriores que encontramos son de lo más anodino: un campo de golf, caminos de cabras…
Paul Naschy, versión 3
Por destacar algo, podríamos hacerlo con la violencia de un par de secuencias, sobre todo una que tiene lugar en una piscina llena de chicas en topless y chicos musculados (entre ellos Steve Shabaneh, Mister Mundo por aquel entonces) y que acaba en un baño de sangre con cuerpos despedezados volando por el aire.
Lone Fleming y Julia Saly
En definitiva, una de las peores realizaciones de su creador, cuya pobre taquilla supuso otro lastre para Acónito Films, la productora de Naschy y Julia Saly.
¿Sabías que…?
El equipo de rodaje pisó los calabozos de El Cairo por no tener los permisos en regla.










