Es una lástima que las anteriores entregas de esta serie ya no estén disponibles. Intentaré ponerlas en alguna página que sea menos susceptible que youtube.
Mientras, les dejo con toda una extravagancia. Una película griega con Donald Pleasence y Peter Cushing en el reparto y con una banda sonora compuesta por Brian Eno. Suena interesante pero, desgraciadamente, peor no puede ser. Me ha resultado francamente difícil elegir qué escenaponer entre tantos y tantos disparates que contiene el metraje.
La historia va sobre una secta que ofrece sacrificios humanos a un ridículo minotauro de piedra que expele fuego por el hocico. Donald Pleasence es un religioso que se enfrenta a estos encapuchados. Para ello cuenta con la colaboración de unos actores que son para echarse a llorar.
En esta escena, la final del filme (si tienen la intención de verlo, mejor no lo pongan ni sigan leyendo), vemos como Donald Pleasence desbarata los planes de la secta con la inestimable ayuda de un crucifijo y agua bendita. Muy original.
Fíjense cuando el encapuchado se lanza hacia su presa para matarlo. Cómo se queda quieto esperando la reacción del sacerdote, como diciéndole: “¿A qué esperas? Apresúrate, que me lo voy a cargar”.
Y qué me dicen de las magníficas explosiones. Pues así es esta película: pretende inquietar y asustar, pero se queda en una comedia involuntaria. Las vacaciones griegas de dos grandes actores.
+++ Por favor, si eres demasiado susceptible, no veas el vídeo. +++
Siempre me ha caído bien George Eastman. Un actor con una cara de bruto que espanta y que, sin embargo, y como suele ocurrir en el cine de bajo presupuesto, parece un tipo con el que te podrías tomar amistosamente una cervecita mientras te cuenta sus infinitas aventuras en el mundo del celuloide.
Nacido en agosto de 1942 con el nombre de Luigi Montefiori, su nombre se ha identificado siempre con el típico subproducto italiano rodado con cien liras. Pero hay más que eso. Montefiori ha trabajado con todos esos artesanos que nos lo han hecho pasar en grande, como Castellari, Corbucci, Deodato, Martino, Massacessi y otros, pero también se ha puesto a las órdenes de grandes directores como Mario Bava, Pupi Avati, Lina Wertmüller e incluso el gran Federico Fellini, para el que rodó “Satiricón” (1969).
Ya en los años setenta comenzó a escribir guiones, alguno de ellos tan conseguidos como el de “Aquarius”, que supuso la opera prima de Michele Soavi. También ha dirigido un largometraje de terror (alguno más, solo que no aparece acreditado y parece no importarle) y un documental.
En “Gomia, terror en el mar egeo”, película dirigida por su incansable amigo Joe D’amato en 1980, da vida a uno de los personajes más repulsivos de su carrera, y eso que cuenta con un buen muestrario de personajes zafios. Pero no solo de su carrera, sino que me atrevería a decir que se pone en la piel de uno de los más repelentes tipos que ha dado el cine italiano (pienso también en los verdugos de la obligada “Saló o los 120 días de Sodoma”, de Pier Paolo Pasolini).
Nikos Karamanlis, que así se llama el tipejo interpretado por Montefiori, es un enloquecido antropófago que vive en una remota isla griega a la que han ido a parar accidentalmente Tisa Farrow, la hermana zetosa de Mia, y sus compañeros.
La escena que os pongo es todo un clásico del cine gore, no apta para estómagos sensibles. Sobre esta película, el actor decía que no le gustaba, y todo ello “a pesar de que disfruto escribiendo y actuando para este género. Nunca veo películas de terror, a menos que sepa que es una muy buena. No me gustan las escenas violentas –las crías de cordero que se asemejan a fetos, las entrañas de cerdo y todo eso-, y creo que es curioso e incluso preocupante que la gente disfrute con este tipo de cosas. Si por mí fuera, escribiría historias de terror efectivas y brutales, si fuera necesario, pero sin derramar una gota de sangre”.
En cualquier caso, sorprenden estas declaraciones después de ver la escena. Y es que no tenemos remedio.
Pese a la condición de título de culto de “Gomia, terror en el mar egeo”, en su día fue un sonoro fracaso en Italia. Continúa Montefiori: “Cuando “Gomia” se estrenó en Roma un ardiente día de agosto en el cine Metropolitan, acudí a ver la primera sesión de la tarde y me encontré completamente solo, excepto por una pareja que se sentaba unas filas delante de mí. Cuando llegó la escena del feto, la chica gritó: “¡Qué asqueroso!” y se fue, seguida de su amigo. Aplaudí su afirmación y vi el resto de la película solo.”
Con los bellos ojos de nuestra adorada Janet Agren da comienzo esta desagradable escena de esta película. El mismo Umberto Lenzi fue el realizador de “El país del sexo salvaje”, que supuso la carta de presentación del subgénero caníbal, que tanto dio que hablar a finales de los setenta y principios de los ochenta. Este subgénero, surgido asimismo del “mondo”, contó con Ruggero Deodato y el propio Lenzi como sus máximos artífices.
Pese a que el “Holocausto caníbal” de Deodato es, sin duda, la cinta más famosa de este subgénero, personalmente creo que las películas dirigidas por Lenzi tienen mayor prestancia.
Esta “Comidos vivos”, que según su director, la rodó por razones meramente alimenticias, cuenta con un reparto bastante peculiar: Mel Ferrer abocado en el abismo de su carrera; la ya mentada Janet Agren; el norteamericano Robert Kerman, famoso en el circuito “porno”; la bella Paola Senatore, habitual en comedietas y a la que su adicción a las drogas la llevaron a protagonizar un par de “pornos” también; la anglo-birmana Me Me Lai, asidua a este tipo de cine, y finalmente, Ivan Rassimov, que es el loco que comparte esta escena con Janet.
Rassimov era un actor que me caía especialmente bien. Su rostro anguloso y su mirada penetrante lo hacían ideal para representar a villanos. Algún día hablaremos más sobre este actor, fallecido en 2003, y de su hermana menor Rada, una actriz con un rostro también bastante peculiar.
Pensaba poner la secuencia de la muerte de Paola Senatore, pero su crudeza me ha hecho pensar que duraría en youtube un par de días como mucho.
Pongo en su lugar esta, en la que Rassimov, que en la cinta protagoniza a un loco visionario basado en la figura del "reverendo" Jim Jones, que causó todo un suicidio en masa allá en 1978, perpetra una ceremonia bastante asquerosa sobre la pobre Janet Agren.
Inauguramos esta nueva sección en la que podremos ver escenas impactantes, extrañas, casposas, que diría Jesús Franco. No todas son horrorosas en el sentido peyorativo de la palabra, sino que hay que entenderlas como sinónimo de horrible: que causa horror, por una causa o por otra. Escenas desagradables o risibles, de todo habrá cabida.
Y comenzamos con una secuencia que ya forma parte del imaginario zombi, sacada de la película “La noche del terror”, dirigida por Andrea Bianchi en 1981.
Para esta película se necesitaba a un muchacho de doce años que protagonizase al hijo de Mariangela Giordano, un muchacho un tanto enfermizo con complejo de Edipo. Pero las leyes italianas chocaban con el hecho de que un infante de tan tierna edad pudiera vincularse con una película donde a las tripas se sumaba sexo e incesto. Y es por esta razónque se contrató a Pietro Barcella, un joven de veinticinco años con un cierto grado de enanismo (mide metro y medio). Y la verdad es que el pobre Pietro no daba el pego como niño y, de hecho, se convertía en el personaje más terrorífico de la cinta, una criatura ciertamente insana que creaba malestar en el espectador.
En este fragmento, el muchacho ya ha sido convertido en muerto viviente (de ahí ese color raro que luce) y se encuentra con su madre. El resultado del encuentro es el previsible, pese a lo cual, la pareja de amigos se quedan observando como unos pasmarotes.
Para curiosos, Pietro, que firmó con el seudónimo de Peter Bark, tiene su propia página en myspace.